La primera vez

La primera vez que cené en Zuberoa; la primera vez que bebí La Tâche de Romanée-Conti; la primera vez que entré en Girasol; la primera vez que bebí Krug Clos de Mesnil; la primera vez que subí el ascensor por el que se accedía a la sala de Alain Ducasse Raymond Poincaré en Paris; la primera vez que hablé con Gérard Margeon de vino; la primera vez que abrí la puerta de Can Fabes; la primera vez que babeé con el cabrito a la salvia allí; la primera vez que saludé a Olivier Roellinger en Cancale; la primera vez que viajé montado en su San Pedro Retour des Indes; La primera vez que bajé la escalera de Santceloni; la primera vez que fui noqueado por el perfume de su tabla de quesos; la primera vez que Raffaele Alajmo me sirvió una copa de Amarone Dal Forno Romano en Sarmeola di Rubano; la primera vez que vi sentado los tapices de la sala de L’Ambroisie; la primera vez que probé el crujiente de cigala, espinaca y curry de Pacaud; la primera vez que me eché a la garganta La Turque; la primera vez que comí en la terraza de Martín Berasategui; la primera vez que contemplé el paisaje desde mi mesa de Azurmendi; la primera vez que caí rendido a los platos de Atxa; la primera vez que besé a mi esposa; la primera vez que oí el sonido de la risa de mis hijos; la primera vez… Quiero vivir infinitas primeras veces, que todo sea como la primera vez.

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