DiverXo, catarsis hedonista

Cuando hace un año comencé a hacer públicas algunas de mis reflexiones sobre gastronomía, decidí afrontar esta labor desde la convicción de mi escaso conocimiento; de ahí el nombre del blog. Más de un cuarto de siglo de experiencias culinarias sirven sólo para componer un endeble esquema mental; una liviana estructura que se resquebraja fácilmente. El pasado miércoles ese ligero andamiaje que sostenía lo poco que sé sobre cocina saltó en pedazos en DiverXo.

Se ha escrito todo sobre la cocina de David Muñoz y no voy a ser tan incauto y petulante como para creer que puedo aportar algo nuevo. Evidentemente no. Sin embargo permítanme el atrevimiento de expresar lo vivido en las mesas del nuevo triestrellado madrileño.

Desde siempre, mi aproximación a la experiencia gastronómica ha sido lúdica. Sentarme a comer en un restaurante que me apetece es para mi un juego, un divertimento apasionante. Mi predisposición probablemente hace que pocas veces sea crítico en mis opiniones. Por cierto, cuánto severo mentecato puebla la crítica gastronómica. Fatuos pagados de sí mismos cuya única alegría es desollar al cocinero de turno. Pues bien, Muñoz consiguió que me divirtiera como poquísimas veces. Eso sí, me dejó feliz pero exhausto. O, por mejor decir, terminé ahíto de placer. Absolutamente saciado.

Muñoz propone, con su espectacular menú, una sucesión de secuencias que casi son micro menús en si mismas. Él las llama lienzos. Puzles que se van componiendo frente al comensal de un modo aparentemente anárquico, pero que cobran sentido cuando concluyen. Las creaciones de Muñoz, de una exuberancia barroca y teñidas de un diáfano color asiático, están llenas de numerosos elementos; platos-secuencia que en el enunciado hacen dudar al comensal, pero que adquieren su razón última en la boca.

Quizá podría enumerar los lienzos tal como Muñoz los denomina y tratar de ofrecer una descripción de cada secuencia, pero la extrema saturación de intensas y placenteras sensaciones bloqueó mi discernimiento desde que comenzó el festival. Me siento incapaz de ordenar mis recuerdos que duermen envueltos en una neblina de felicidad.  Casi prefiero que mi mente no se despeje, confundida en el placer.

Pero si algo tengo claro es que la cocina de DiverXo es fruto de un profundísimo ejercicio de reflexión; de un estudio milimétrico de cada ingrediente y de sus potencialidades interactivas con otros muchos. Una labor ingente de sistematización que produce orden donde el caos es la apariencia.

DiverXo es el producto personalísimo de un apasionado adicto a su profesión; alguien que pone en duda el mismo paradigma culinario para transgredirlo voluntariamente, capaz de convertir al ingrediente más noble en guarnición o de imaginar una nueva manera de disfrutar del vino en un gran restaurante.

Muñoz, en definitiva, propone una cocina ecléctica, universal y radicalmente contemporánea que produce un inmenso placer al afortunado comensal que tiene el privilegio de sentarse a sus mesas. La arrebatadora personalidad del chef lo convierten en una ciclogénesis explosiva desde el punto de vista culinario. En vez de tempestades, David provoca oleadas de placer. Imprescindible.ImagenImagenImagenImagenImagenImagenImagen

Los cocineros más influyentes

Hace unos días recuperé una papeleta de las que se repartieron a la prensa en Madrid Fusión 2011 para votar a los veinte cocineros más influyentes de la década 2000-2010. Ya en aquel momento me pareció que decidir sobre el particular era una labor dificilísima y, con el paso del tiempo, se me antoja una tarea casi imposible.

lista_de_los_cocineros_m_s_influyentes_MF_2011

Antes que nada, metodológicamente, sería necesario explicitar qué quiere decir ser uno de los 20 cocineros más influyentes del mundo. ¿Quiere decir que del entorno de ese cocinero ha salido un número mayor de profesionales de los fogones? En este caso Ducasse sería el número uno destacadísimo. ¿Quiere decir que ha realizado una mayor aportación técnica o tecnológica en esa década? Roca o Blumenthal estarían, entonces, entre los encumbrados. ¿Quiere decir que su cocina ha representado una ruptura esencial con lo hasta entonces conocido? Ferrán Adriá sería el campeón de campeones en este ámbito. ¿Quiere decir que queremos conocer qué cocinero es el que tiene un planteamiento de mayor proximidad a su entorno? Bras, Redzepi o Aduriz serían entonces el podio seguro. ¿Quiere decir que queremos conocer al cocinero que mayor número de comistrajos (“feísmo” gastronómico) ha parido en este tiempo? El maillot amarillo lo hallaríamos enfundado en el cuerpo de Cracco o quizá en el de Lopriore.

Con todo ello quiero decir que la dificultad de establecer un criterio metodológicamente aceptable es muy grande. Las listas de elegidos probablemente son tantas como personas a las que se les proponga que voten.

Miro detenidamente el listado de los nominados y veo cocineros cuya influencia en la culinaria mundial es nula; probablemente están ahí por un malentendido reparto geográfico (con todos mis respetos para Peter Guilmore, Martha Ortiz o Ben Shewry). Descubro también cocineros absolutamente determinantes en el devenir de la cocina contemporánea sin cuyo concurso la cocina de hoy no sería entendible (Adriá, Gagnaire, Redzepi o Robuchon) Otros profesionales del listado son muy del gusto de los comensales y no están constantemente en los mentideros de los críticos por no resultar tan innovadores o transgresores: se trata de cocineros con los que personalmente sintonizo y que ofrecen más felicidad que sorpresa (Berasategui o Keller) Thomas Keller, por ejemplo, creo que es uno de los 20 cocineros más influyentes de los últimos años. Y ello por una razón obvia: Desde la apertura en 1994 de French Laundry, pero sobre todo desde la inauguración en el 2005 de Per Se, Keller ha sido considerado el mejor cocinero en Estados Unidos. Por tanto su influencia en la culinaria estadounidense en los últimos 15 años es evidente; si añadimos la casi universal repercusión mediática que tiene cualquier cosa que suceda en ese país (también desde el punto de vista gastronómico), la cosa cae por su propio peso. Además confieso que me encanta su cocina: elegante, deliciosa y técnicamente irreprochable. Adjetivos que, por cierto, son aplicables igualmente a la cocina de Martín Berasategui. El de Lasarte marca tendencia por la perfección de sus creaciones; elaboraciones divertidamente barrocas que el cliente, destinatario principal, aplaude.

Aunque la lista haga mención expresa al periodo 2000-2010, y siendo cierto que Bras o Gagnaire fueron adalides de la modernidad a finales de los 80 y comienzos de los 90, no debemos ignorar que su influencia fue tan grande que no podríamos entender la cocina actual de Aduriz o Redzepi sin Bras o la de Alajmo o Elena Arzak sin Gagnaire. Por ello es inexcusable su presencia en la lista.

Hay casos en los que el discípulo supera en capacidad influyente al maestro, aún siendo heredero de su conocimiento. El caso más claro a este respecto es el de Pascal Barbot. Y esto, lejos de sumir en una melancolía irremediable a Alain Passard, debería enorgullecerlo.

Es evidente, por otro lado, la incesante presencia (mediática y real) del exotismo culinario en nuestros días. Exotismo reductor, porque hace mención únicamente a una corriente orientalizante. Decir que Nobu está entre los 20 más influyentes es una verdad palmaria. Acepto incluso la presencia de Acurio, estandarte de una de las cocinas más de moda en la actualidad: la peruana. Algo más crítico me mostraría con la presencia de Wakuda, aunque no se puede dejar de reconocer que cocineros tan de moda como David Muñoz de Diverxo son deudores del eclecticismo exótico como forma de entender la restauración pública.

René Redzepi, integrista como pocos en la utilización de productos de su entorno geográfico más próximo, es hoy uno de los cocineros más observados por la crítica y aficionados. Su búsqueda de una culinaria esencial y profundamente meditada lo convierten en paradigma del cocinero realmente influyente. Tras la retirada del de Rosas, muchas miradas se han vuelto hacia Copenhague. Personalmente, dudo del éxito de su radical apuesta por lo vegetal.

Sobre las ausencias en la lista de nominados, mención especial merece Quique Dacosta. El de Denia ha evolucionado de una manera espectacular en los últimos cuatro o cinco  años. Ha encontrado un camino genuino, distintivo, que lo aleja de parentescos culinarios que hasta entonces parecían evidentes. Su técnica es irreprochable y sus creaciones, de una belleza plástica innegable, bucean en la esencia misma del producto. Además, sus platos ofrecen cada día mayor profundidad gustativa, su cocina establece una simbiosis encomiable con su entorno geográfico más próximo y sus menús recrean un paisaje organoléptico muy atractivo, alejado de cierta abstracción conceptual que antaño los lastraba.

Indispensable, en mi opinión, sería la presencia del máximo exponente de la corriente culinaria del kilómetro cero: Dan Barber. Su influencia actual es incontestable y en España encontramos magníficos exponentes de esta corriente como Oriol Rovira en Els Casals.

Quisiera hacer también una pequeña mención a los que influyeron a los influyentes. Nada de lo que ahora se propone en la cocina de vanguardia se puede entender sin Jacques Maximin, Roger Vergé, Michel Troisgros o Michel Guerard; los cocineros actuales son deudores de su revolución culinaria. Esto es un modesto homenaje a quienes dieron un paso adelante en un tiempo no tan lejano.