ROOTS

Corrí durante años una maratón insaciable. Gagnaire en Saint-Etienne, Adriá en Rosas, Aduriz en Rentería, Redzepi en Copenague; llegué a pegar, insensato, la oreja a una caracola en Londres sentado a la mesa de Blumenthal. Exhausto, no alcancé nunca la meta. Y desanduve el camino. Había migas en el sendero que me llevaron al origen. Cuando alcancé la salida me vi sentado, feliz, a la mesa de Michel Rostang contemplando embobado las maniobras del maître preparándome un canard à la presse

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